miércoles, 7 de septiembre de 2011

Stake Land, de Jim Mickle (2010).


Esta  es la historia del viaje de Martin (Connor Paolo) y el cazador conocido como MR. (Nick Damici) por el yermo en que se ha convertido América después de una misteriosa plaga de vampirismo. Durante su camino se encontraran con otros viajeros y peligros varios como la secta ultracrisitana La Hermandad. El camino hacía una Canadá libre de vampiros no será fácil, pero es preferible a esperar a la muerte.


Mezclar films Post apocalípticos con Vampiros parece una idea de los ochenta, una hipotética producción de la Cannon del dúo Golan/Globus y que podría haber dirigido... uhm... Albert Pyum (¿recordaís Cromwell, el rey de los bárbaros?) y protagonizado... a ver, a ver... por Jan Michell Vincent.
La mezcla obtenida por el director y guionista Jim Mickle y el actor y coguionista Nick Damici es bastante consistente al apoyarse en un principio tan básico como efectivo: menos es mas.
En ningún momento se nos explica el origen de la plaga vampírica, la selección de localizaciones es absolutamente magistral ya que buscaron el apocalipsis en el mundo real, como hizo Gareth Edwards en Monsters, lo que abarata costes y dota a las imágenes de realismo e impacto.
La historia me recordó ligeramente a El fuera de la Ley, aquel magistral western de Eastwood donde un solitario recogía parias en su camino hacia la libertad, pero mientras Eastwood tenía más de 2 horas de metraje para contarnos lo que quería aquí tenemos una escasa hora y media que impide un buen desarrollo de personajes.
Aún así estamos ante un notable film de vampiros, no rompedor pero si estimable y que es algo más que una simple mezcla de La carretera de Hillcoat con Daybreakers. Muy recomendable, en especial para los que pensaban que a Kelly McGillis (Top Gun) se la había tragado la tierra.


Para describir a los vampiros de Stake Land y despedir el post me remito a las míticas palabras de Jack Crow (James Woods en Vampiros, de John Carpenter).

En primer lugar, no son románticos. No son un grupo de maricones paseándose en ropa formal alquilada y seduciendo a todos a su alrededor con falsos acentos europeos.

Es decir, vampiros de verdad y no los de Crepúsculo.

2 comentarios:

Einer dijo...

Oye, es curioso, al leer el primer párrafo he pensado precisamente en un cruce entre The road y Daybreakers.

Me llama la atención que la plaga esté sólo en USA y no haya llegado a Canadá.

Kinski dijo...

¿Y a quíen cojones le importa Canadá?.
No detallan demasiado la situación mundial y la verdad es que tampoco hace falta saberlo todo.

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